“4 verdades incómodas sobre la riqueza real de un país, y lo que dicen de Puerto Rico.”
Imagínate esto. Una familia decide vender las ventanas, las puertas y hasta los muebles de la casa para pagar una cena de lujo esta noche. Al otro día, la cuenta de banco se ve bien, entró dinero. Pero la casa quedó fría, insegura y vale muchísimo menos que ayer. Si solo miraras la cuenta, dirías que a esa familia “le está yendo bien”. Si miraras la casa, sabrías que se está quedando en la ruina.
Ese es, resumido, el error de contabilidad que el mundo lleva décadas cometiendo con los países. Nos obsesionamos con el Producto Interno Bruto (PIB), que mide cuánto dinero se mueve, pero no mide si esa economía se está quedando sin gasolina por dentro. El PIB es el velocímetro. No te dice si el motor se está desbaratando.
Por eso, un grupo de economistas que trabaja con el Banco Mundial y la ONU lleva años empujando otra vara para medir esto: la Riqueza Inclusiva (Inclusive Wealth). En vez de mirar solo el dinero que entra, esta métrica audita tres tipos de capital de un país: el capital producido (carreteras, plantas eléctricas, edificios), el capital humano (salud, educación, la gente) y el capital natural (bosques, agua, tierra fértil).
Estas son cuatro verdades que salieron de esa investigación, publicadas hace poco en la revista Nature, y que te van a hacer ver las noticias económicas de otra manera.
1. Un país puede “crecer” y empobrecerse al mismo tiempo
Nigeria es el ejemplo perfecto. Entre 1995 y 2018, su PIB per cápita creció un 2.3% al año. En cualquier noticiero, eso suena a éxito. El problema es que, en ese mismo periodo, su Riqueza Inclusiva por persona cayó un 0.4%. ¿Qué pasó? Sacaron petróleo y gas de la tierra (capital natural que no se repone) y no reinvirtieron esas ganancias en la gente ni en infraestructura. No generaron riqueza. Se comieron la herencia para pagar los gastos de hoy.
Del otro lado están países como China, Vietnam e Indonesia, que combinaron un PIB creciendo rápido con una acumulación real de capital humano y producido, la riqueza real les creció tanto o más que a cualquier otro país del mundo en ese periodo. Ahí sí hubo progreso de verdad, no solo en papel.

2. Esto no es una moda “verde”, es una idea de Adam Smith
Aquí viene lo que casi nadie sabe: la sostenibilidad no la inventó un movimiento ambientalista moderno. Adam Smith, el mismo que fundó la economía moderna, ya hablaba de esto en 1759, en un libro menos conocido que “La riqueza de las naciones” llamado “La teoría de los sentimientos morales”. Ahí propuso la figura del “espectador imparcial”: un observador justo que juzga tus acciones no por lo que te conviene a ti, sino por cómo afectan a los demás.
Smith decía que era intolerable arruinarle la felicidad a otro con tal de beneficiarte tú. Hoy, ese espectador imparcial bien podría ser tu nieto, juzgando si le dejaste una herencia sólida o una quiebra disfrazada de progreso. El filósofo John Rawls llevó esto más lejos con su “velo de ignorancia”: si no supieras en qué generación te va a tocar nacer, ¿cuánto ahorrarías para la que viene? Esa pregunta cambia por completo cómo uno mira el gasto público.
“Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables.”
Adam Smith, en 1776, en un libro que casi nadie termina de leer.
Esa frase no solo habla de la pobreza de hoy. Habla de la que le heredamos a los que vienen detrás.
3. Hay una regla matemática para no robarle al futuro
Se llama la Regla de Hartwick, y es sencilla: cada dólar que sacas de un recurso que no se repone (petróleo, gas, minerales) tiene que reinvertirse en capital humano o en capital producido. Si no, estás robando.
El ejemplo de libro de texto es Noruega contra el Reino Unido durante el boom petrolero del Mar del Norte en los años 80. Noruega metió esa plata en un fondo soberano que hoy vale más de 2 billones de dólares, uno de los más grandes del planeta. El Reino Unido se la gastó en consumo del día a día y fue duramente criticado por economistas como Robert Solow por desperdiciar el ingreso. Mismo petróleo, mismo mar, dos futuros completamente distintos. Uno sembró. El otro se comió la semilla.
4. Sembrar árboles es una inversión financiera, no un acto de bondad
En la contabilidad de toda la vida, la naturaleza es “gratis”: el aire, el agua, los bosques no cuentan como activos. En la Riqueza Inclusiva, perder biodiversidad o dañar el suelo se registra exactamente como lo que es: depreciación de un activo. Cuando un bosque desaparece, el país pierde su capacidad de generar agua limpia, regular el clima y sostener la vida de la que depende toda la economía.
Por eso, proyectos de reforestación como los que se hacen hoy en Kenia, restaurando miles de hectáreas de tierra degradada, no son un gesto ecológico bonito para una foto. Son mantenimiento de activos. Es, literalmente, un fondo de retiro para el planeta.

¿Y Puerto Rico, qué?
Aquí es donde esto deja de ser teoría publicada en Nature y se convierte en algo que tú vives todos los días. Vamos capital por capital.
Capital producido, la infraestructura: llevamos casi diez años bajo la Junta de Supervisión Fiscal, y sí, la deuda del gobierno central bajó de cerca de 73,000 millones a unos 31,000 millones de dólares, la reestructuración de deuda pública más grande en la historia de Estados Unidos. Pero la red eléctrica sigue siendo el ejemplo perfecto de capital que no se repone: LUMA advirtió esta misma semana que Puerto Rico tiene un déficit estructural de entre 700 y 850 megavatios, y que en el peor escenario (más demanda y la pérdida de otra planta base) podríamos ver hasta 47 días de apagones entre mayo y octubre. Eso no es un ingreso disfrazado de gasto. Es un activo que llevamos décadas sin mantener.

Y la luz no es lo único que se cae a pedazos esperando por un cheque federal. Ocho años después de María, solo 26 de 579 proyectos de carreteras y puentes dañados por deslizamientos han terminado, un 4.5%, según el Centro de Periodismo Investigativo, a pesar de que la isla registró 404 deslizamientos documentados entre 2018 y 2025. En Orocovis, un solo pueblo gasta cerca de $200,000 al año nada más limpiando derrumbes y restableciendo el acceso a carreteras que el gobierno debía haber arreglado hace tiempo. Con las escuelas pasa lo mismo, pero peor: el Departamento de Educación tiene $2,100 millones federales asignados para reconstrucción desde el 2020, y ha gastado apenas el 4%. De docenas de escuelas dañadas por huracanes, para 2025 solo una, la Francisco Morales en Naranjito, había arrancado obra. Eso también es un activo sin reponer: se mide en carreteras que se derrumban cada temporada de lluvia y estudiantes que llevan casi una década en edificios a medio caer.
Capital humano, la gente: entre 2010 y 2020, Puerto Rico perdió un 11.8% de su población según el Censo, uno de cada nueve boricuas se fue de la isla en esa década. Y no se ha detenido: en 2025 la población bajó a 3,184,835 personas, casi 97,000 menos que en 2020. Aquí no solo pesa la migración. Las muertes (32,857) superaron a los nacimientos (17,950) por casi 15,000 personas en un solo año. Eso también es capital humano que no se está reponiendo, ni por nacimientos ni porque la gente se quede.

Y no es solo cuánta gente se va, es quién se va. Desde el 2015, el 55% de los boricuas de 25 años o más que emigran tiene estudios más allá de escuela superior, según El Nuevo Día: no es que Puerto Rico se esté quedando sin gente, es que se está quedando sin la gente en la que más se invirtió. En medicina se ve clarísimo: de unos 19,000 médicos activos en el 2020, quedaban menos de 9,500 para el 2023, según una investigación del CPI. Perdimos más de la mitad de los médicos de la isla en tres años. En pueblos como Aguas Buenas hay apenas 7 médicos por cada 10,000 habitantes y una sola ambulancia funcionando, con tiempos de respuesta de hasta dos horas. Eso tampoco sale en ningún informe de deuda pagada. Es riqueza humana, años de estudio y de entrenamiento clínico, que se fue de la isla y no ha vuelto.
Capital natural, la tierra: en los últimos 20 años, el archipiélago perdió una cuarta parte de su bosque primario, y el huracán María se llevó el 10% de la cobertura forestal de un solo golpe en 2017. Pero lo más grave no es lo que se perdió con el huracán. Es lo que el gobierno deja perder todos los días: en la Bahía de Jobos, en Salinas, el Cuerpo de Ingenieros documentó manglares talados, humedales rellenados y construcción ilegal desde 1972, según el Centro de Periodismo Investigativo (CPI). Cincuenta años después, en 2020, la misma agencia que debía protegerla admitió que restaurarla iba a costar $4 millones y tomar entre 4 y 5 años. Todavía no ha pasado.

Y no hay que mirar tan atrás. Este verano de 2026 el gobernador declaró estado de emergencia por sequía: 44% de la isla estaba en sequía extrema, hubo 2,682 incendios en lo que va de año (74% más que en todo el 2025), y resulta que Puerto Rico pierde el 60% del agua potable que produce antes de que llegue a un grifo, muy por encima del promedio del Caribe (46%). Mientras tanto, el gobierno acelera los permisos de construcción en la costa: subieron 29% en el primer año del gobernador Pierluisi, y esos permisos llegaron a ser el 68% de todas las construcciones aprobadas en 2020 y 2021, la proporción más alta en siete años, muchas veces en las mismas zonas que la ciencia dice que se van a inundar. Y ahí está Esencia otra vez, el mismo proyecto del que hablamos antes: necesitaría 1.25 millones de galones de agua al día, mientras todo el pueblo de Cabo Rojo consume 4.45 millones y sus residentes ya se quedan sin agua dos o tres días a la semana. Eso también es depreciación de activos. Solo que esta tampoco sale en ningún informe de la Junta.La buena noticia es que la Regla de Hartwick funciona igual de bien para nosotros que para Noruega: cada peso que entra, ya sea de fondos federales de recuperación, del turismo o de lo que sea, puede reinvertirse en salud, educación e infraestructura que se quede, o puede irse en gastos que no dejan nada para el 2040. La pregunta no es
Para cerrar
Puerto Rico se vende al mundo como “la Isla del Encanto”: playas paradisíacas, El Yunque verde y exuberante, cruceros que llegan cada semana a dejar su dinero y se van contentos. Esa es la imagen. El problema es que una imagen no es un balance real, y a una imagen de postal nadie la audita.
Si alguien hiciera esa auditoría (no la del itinerario turístico, sino la que de verdad importa: cuánta herencia le estamos dejando a los que nacen hoy) el resultado no se parece al folleto. Es una red eléctrica que lleva casi una década cayéndose a pedazos. Es un país que pierde miles de vecinos cada año, más de los que nacen. Es un bosque que veinte años después todavía no termina de recuperarse de un huracán. Eso también es Puerto Rico. Solo que no sale en la foto.
La familia del principio de este artículo, la que vendió las ventanas para pagar la cena, también se veía bien esa noche. Nadie que la visitara esa semana hubiera sospechado nada. Puerto Rico también se ve bien en la foto, si uno no se queda a dormir. La pregunta que de verdad debería quitarnos el sueño no es qué tan bonita es la postal. Es si, dentro de veinte años, todavía va a quedar isla detrás de ella.
Fuentes
McLaughlin, E. “Generational wealth can overcome global crises.” Nature, Vol. 657, pp. 348-350 (10 de septiembre de 2026).
World Bank, The Changing Wealth of Nations 2024 (datos de Riqueza Inclusiva por país).
Junta de Supervisión y Administración Financiera para Puerto Rico, oversightboard.pr.gov/debt.
El Vocero, “PROMESA deja estabilidad fiscal, pero persisten riesgos en la Isla” (agosto de 2026).
Metro Puerto Rico, “LUMA Energy advierte déficit de generación eléctrica y riesgo de más apagones en Puerto Rico” (10 de septiembre de 2026).
Negociado del Censo de Estados Unidos, Censo 2020 y estimado poblacional de Puerto Rico 2025 (estadisticas.pr.gov).
Centro de Periodismo Investigativo, “Lento el uso de fondos de reconstrucción para la adaptación de las carreteras por los deslizamientos” (octubre de 2025).
Centro de Periodismo Investigativo, “Una sola escuela pública ha comenzado su reconstrucción a ocho años de María” (septiembre de 2025).
El Nuevo Día, “¿Fuga de cerebros? La población puertorriqueña con mayor escolaridad emigra con más frecuencia” (14 de junio de 2021).
Centro de Periodismo Investigativo, “Mortalidad histórica en Puerto Rico mientras el sistema de salud se desmorona” (noviembre de 2023).
Centro de Periodismo Investigativo, “Negligencia local y federal propicia crimen ambiental en la Bahía de Jobos en Salinas” (marzo de 2022).
Centro de Periodismo Investigativo, “Acelerada la aprobación de permisos de construcción en la costa durante el primer año de Pierluisi” (enero de 2022).
Centro de Periodismo Investigativo, “New Study Warns Drought in Puerto Rico Will Persist and Worsen” (agosto de 2026).
Centro de Periodismo Investigativo, “Empresas detrás de Esencia dejan rastro de daños alrededor del mundo” (junio de 2025).
Distintas Latitudes, “Puerto Rico: los bosques que perdimos” (pérdida de bosque primario y manglar).
Banco Mundial, Wealth Accounts (indicador NW.TOW.PC, riqueza inclusiva per cápita) y World Development Indicators (NY.GDP.PCAP.KD, PIB per cápita), consultados vía API en sept. 2026, para la gráfica.
USDA Forest Service, “Joint Chiefs’ restoration program takes seed in Puerto Rico” (fotos de dominio público del proyecto de reforestación en El Yunque).

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